A continuación les presento un interesante artículo que encontré en el Boletín Guadalupano.

El Adviento es el tiempo de la Iglesia que nos prepara para recibir con espíritu de reconciliación y esperanza la llegada de Jesús Niño. Esta preparación la vivimos de tres maneras:

Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar ese tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que cuando esto ocurra será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.

Para ayudarnos a reflexionar sobre el verdadero sentido de este tiempo, es costumbre en nuestras casas colocar en el centro de nuestra mesa familiar, una corona con cuatro velas: es la Corona de Adviento. Tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las persona. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos.

Su forma circular significa la perfección de Dios, el cual no tiene principio ni fin. Es símbolo de unidad y eternidad. Nos ayuda a pensar en los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo y en la segunda y definitiva venida; nos concientiza que de Dios venimos y a Él vamos a regresar.

Lo verde de su follaje (pino, oyamel o hiedra) representan a Cristo vivo entre nosotros. Además su verde color nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante estas cuatro semanas.

Las cuatro velas representan los cuatro domingos de Adviento. La primera, segunda y cuarta vela que se enciende son de color morado. El color morado indica el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos observar durante este tiempo especial de gracia. El tercer domingo, llamado comunmente de la "alegría", precisamente representa el gozo que sentimos ante la cercanía del nacimiento de nuestro Señor.

El encendido progresivo de las velas, simbolizan la luz con que Cristo nos ilumina. Él viene a iluminar a los que estamos en la oscuridad del pecado. Irlas encendiendo, una a una cada domingo, bien nos explican, que a medida que se acerca la luz, las tinieblas se van disipando. Así pues conforme se acerca la llegada de Cristo, luz para nuestras vidas, se debe ir esfumando de nosotros el reinado del pecado sobre la tierra.

Se sugiere que la noche de la Navidad las velas moradas junto con la rosa, se sustituyan por unas de color rojo y una blanca al centro de la Corona. Las rojas indican el espíritu festivo de nuestra reunión, mientras que la vela blanca simboliza a Cristo, luz que vino a iluminar el mundo.

Angel Roa Hernández, Boletín Guadalupano, Noviembre 2008